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¿Puedo firmar un contrato deportivo en nombre de mi hijo?

¿Puedo firmar un contrato deportivo en nombre de mi hijo?

Durante estos últimos años, el fútbol, el “opio” del pueblo, se ha ido convirtiendo en muchos en  el centro de las vidas de muchas familias; en muchas ocasiones, que los niños jueguen al futbol se ha convertido como en el antiguo oeste en la “búsqueda de oro”. Parece que ha quedado lejos aquello de practicar deporte por el mero hecho de hacer deporte. Es desgraciadamente frecuente que los padres traten a sus hijos como inversiones o proyectos económicos, aunque la culpa  no es sólo de los padres, también de una industria que factura miles de millones de euros y que cada día extiende sus redes más y más, hasta llegar a  las categorías inferiores. Cada vez hay más ojeadores o caza talentos viendo partidos de categorías inferiores en búsqueda del próximo Cristiano o del siguiente Messi.

En este artículo tratamos de dar algunos consejos legales básicos a aquellos padres, que quizás sin querer, se encuentran en la siguiente situación: a mi hijo le han ofrecido firmar un contrato y me dicen que además tengo que firmarlo yo…¿qué hago?

Pues la primera respuesta que les daría sería, no firmes nada sin acudir antes a un abogado especialista en la materia. En especial, en derecho deportivo. Porque los compromisos contractuales son muy delicados y pueden condicionar la carrera futura del jugador. La forma de remunerar al deportista también es importante (los derechos de imagen también pueden utilizarse para retribuir a jóvenes canteranos), porque a efectos tributarios, la forma de estructurar la remuneración tiene mucha transcendencia. Es decir, la misma cantidad, para entender, puede significar bastante más dinero si diseña bien la forma del pago por parte del club.

Quizás las primeras dudas que nos asalten sean…¿puede mi hijo menor de edad firmar un contrato?¿a qué edad puede empezar a trabajar?¿quién tiene que firmarlo?¿qué validez tiene dicho contrato?, todas estas cuestiones para ser resueltas y fundamentadas jurídicamente, deberían ser objeto de un extenso artículo, aquí simplemente vamos a dar algunas ideas que puedan servir de guía.

En España, la edad mínima para trabajar son los 16 años, por lo que por mucho que un chico de 12 años pueda ganar 1 millón de euros al mes, no será profesional, ya que la profesionalidad en derecho deportivo, viene marcado por el concepto de ganar más dinero del que sea suficiente para la propia práctica deportiva. Hace relativamente poco el Tribunal Supremo en sentencia de 5 de febrero de 2013, se analizó el caso Baena, donde un menor de edad firmaba un contrato, en el que se comprometía al llegar a los 18 años a firmar un contrato de trabajo profesional. El caso es que al llegar a los 16 años de edad, firmó por el Espanyol, en vez de con el Barcelona, con quien tenía firmado ese contrato previo, y el Barcelona le reclamó el importe de su cláusula de rescisión, que estaba fijada en 3.489.000 euros. Sin embargo el TS, el 5 de febrero de 2013, dictaminó que no existía obligación de pago de 3.489.000 euros, según la cláusula que el FC Barcelona había redactado, por incumplimiento del contrato laboral, ya que éste era nulo de pleno derecho y sólo condenó al pago de 30.000 euros por no haberlo hecho. Es decir, no llegó a tener ni validez ni vigencia legal el contrato de trabajo “no firmado” y sí se obliga a los padres a responder del incumplimiento de no firmar el fututo contrato laboral, pero las sumas son infinitamente diversas.

De ese supuesto debemos extraer las siguientes consecuencias, en primer lugar hasta los 16 años en España no se puede trabajar, por tanto hasta esa edad, no se pueden firmar contratos de trabajo (hay que recordar el caso de José Antonio Reyes en el Sevilla FC, que tuvo que esperar a debutar con el Sevilla FC a cumplir precisamente esta edad mínima). Es cierto que cabe la posibilidad que por otros conceptos se reciban cantidades “por jugar al futbol”, pero no tendrán la consideración de una relación laboral especial de un deportista profesional, será otra cosa. La firma tendrá que ser la de los padres ya que los menores no tienen “capacidad legal”, con lo que asumen una responsabilidad de aquello que firman. Conviene comentar que en otros ordenamientos las limitaciones para que un deportista joven se transforme en deportista profesional son mucho más exigentes (por ejemplo, en la NFL o la NBA, donde además de la edad se exige un paso previo por la Universidad, estancia en “College” que no puede ser remunerada de ninguna manera) y en otros deportes o disciplinas, como en el caso de la ATP, más flexibles.

En conclusión, el mundo del futbol hasta en categorías inferiores se está industrializando y en cierto modo aunque sea triste, profesionalizando, y ésto puede tener muchas consecuencias, como hemos visto no sólo para el futuro de los “niños” sino que también para los padres por los contratos que se puedan firmar con clubs, representantes, agencias de representación, etc…por tanto, mucho cuidado con lo que se firma, y en caso de duda, consultad a un buen especialista.

Ignacio de la Higuera López-Frías

​Derecho mercantil y derecho deportivo.

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