Segunda Oportunidad para Personas Físicas: explicación real y general (I). Sacrificios necesarios y oportunidades.

13 JUN 2018

Concursal

Gerardo Siguero Muñoz

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Han pasado ya casi 5 años (finales del año 2013) desde que entró en el derecho español una institución de “discharge” (inspirada en el Chapter 7 del Código de Quiebras de los EEUU) para superar el anacrónico 1.911 del CC y su responsabilidad universal por deudas ad infinitum. Se trataba de encontrar de obtener un solución justa y excepcional para liberar, en ciertas ocasiones, a determinados deudores de buena fe. Pero tras 5 años de reformas legislativas, vía parches y práctica judicial, resulta necesario hacer una serie de comentarios explicativos. Esta institución jurídica no es suficientemente conocida por los operadores jurídicos, que deberían estudiarla mejor y reflexionar sobre ella. Análisis mental y crítico que debería ser a la vez económico y jurídico. En todo caso, y a los efectos de este artículo, la segunda oportunidad es una herramienta desconocida por el público al que va dirigida: la información de libre acceso es absolutamente inexacta y tendenciosa, probablemente para atraer clientes de forma imprudente. Vamos a explicar aquí, de forma muy muy resumida, los aspectos esenciales que deben conocer quienes se interesen por este mecanismo de segunda oportunidad.

1º) Es un mecanismo concursal: no existe una “Ley de segunda oportunidad”. Sino una serie de medidas especiales contenidas en la Ley Concursal para permitir la liberación de ciertas deudas, en determinados casos. Es importante saberlo porque las bases del sistema son concursales (hará falta un juez de la insolvencia, un administrador o mediador concursal y un letrado que represente al deudor).

2º) No se aplica a las personas jurídicas: si la insolvencia recae sobre una persona jurídica la única solución legal es el procedimiento concursal.

3º) Es un mecanismo excepcional: se aplica sólo a determinados deudores (personas físicas consideradas de buena fe), y para liberar de la responsabilidad del pagar algunas deudas, no todas (al menos, no de forma general). El alcance potencial de la segunda oportunidad es discutido y discutible, pero que inicialmente no abarca a todas las deudas es pacífico.

4º) Es un mecanismo liquidatorio de último recurso: es una solución judicial a un problema de existencia de deudas tras la pérdida de todo el patrimonio personal. Es MUY IMPORTANTE tener esto claro. El deudor que se plantee la segunda oportunidad, además de reunir muchos requisitos, debe saber que por el camino tiene que desprenderse de todo su patrimonio para compensar a sus acreedores. El objetivo de la segunda oportunidad no es liberar al deudor de sus deudas por una suerte de “gracia civil” (lo contrario sería perverso, especialmente en nuestra sociedad, la española); el objetivo de la segunda oportunidad es que los acreedores cobren y que, cuando el deudor ya no pueda pagar más (porque no tenga con qué pagar), se le liberan de esas insatisfechas. Digamos que el perdón de la segunda oportunidad se obtiene de la responsabilidad y sacrificio previo realizado por el deudor insolvente.

5º) No es un mecanismo automático: requiere un largo proceso de análisis de la situación, propuestas previas de reestructuración del Pasivo y supervisión concursal y judicial. Hará falta mucho tiempo y trabajo, quizás más de un par de años, para obtenerla. Y además, es revisable por el juez tras su concesión.

6º) Está sometido a distinta competencia judicial: aunque la Ley es la misma, si la deuda tiene origen empresarial será competencia de un juez mercantil, y en los demás casos, será competencia de un juez de primera instancia. La diferencia es trascendental: los jueces de lo mercantil están mucho más familiarizados con los problemas de insolvencia y con el derecho concursal, por tanto, a priori, son mucho más idóneos para afrontar estos procedimientos de segunda oportunidad. Pero la elección no es libre. Será el origen de las deudas (lo que muchas veces no es fácil de delimitar ) la clave para dirimir quién tiene la competencia judicial.

7º) No es un mecanismo uniforme ni discrecional: hay diversos escenarios para la liberación de deudas, dependiendo de la situación, habrá que acudir a uno u otro. En todo caso, la facultad de discriminación del juez de la insolvencia son muy limitadas. Todos los escenarios están muy delimitados, el papel del juez queda reducido a validar o ratificar que se han cumplido todos los de los requisitos legales establecidos por Ley para obtener la exoneración. No pueden liberar las deudas por motivos subjetivos o discrecionales. Aunque hay una excepción, la última posible, donde el juez sí tiene más libertad de actuación. Pero el expediente debe cumplir muchos requisitos para poder desembocar en esta posibilidad, última y excepcional.

8º) No es una solución universal: otro problema habitual pero lógico para el sistema. La segunda oportunidad no es mecanismo de pago o extinción de las deudas, sino una medida especial de perdón de las mismas a favor de determinados deudores en situaciones muy excepcionales. Es lógico, por tanto, que esta liberación no beneficie al fiador (mal llamado en la calle vulgarmente “avalista”). Cuando una persona se compromete a fiar a un acreedor el pago de una deuda en de un deudor, y este crédito termina impagado y el deudor principal condonado de dicho pago por la segunda oportunidad, el fiador sigue obligado al pago de la deuda que garantizó. Por eso decíamos que estas situaciones no solucionan todos los problemas: si hay una persona “atada” a esa deuda la segunda oportunidad del deudor lejos de beneficiarle, le perjudicará.

Y estas son las 8 características básicas, muy resumidas, de la segunda oportunidad. Conocerlas permitirá, al menos, entender a grandes rasgos cómo funciona realmente esta institución, reciente y semidesconocida.Y sobre todo, no llevarse a engaños. Es una solución imperfecta, complicada, y exigente. Pero es la lo que tenemos y, para muchas personas, será un logro muy considerable. Puede cambiar, para bien, la vida de un deudor de buena fe. Pero siempre que se plantee de forma acertada. En conclusión, realizamos dos recomendaciones: la primera, no “comprar humo” (informarse bien de las posibilidades reales de la segunda oportunidad), y la segunda, abrir la mente (perder el patrimonio cuando éste es muy inferior a la deuda personal es mucho más que interesante).

En otro articulo posterior comentaremos algunas de las dudas que esta institución trae consigo, pues la falta de conocimiento de la misma genera confusión en general, incluso en los operadores jurídicos, y resulta oportuno disiparlas. Hoy, con conocerla en términos generales, es suficiente.

Gerardo Siguero Muñoz.

Derecho mercantil y deportivo.

Posdata: por una cuestión práctica he utilizado el término “segunda oportunidad” cuando en realidad debería haber empleado la expresión técnica “exoneración de pasivo insatisfecho”. Pero este artículo va más dirigido al público en general que al jurídico, por lo que considerado conveniente utilizar este lenguaje.

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